miércoles, 12 de diciembre de 2012
Capitulo 2 (Tatustrhia)
Llegue a la clase y mi terror ya estaba sobre el escritorio. Mi clase
era verde, verde pis tacho. En la parte frontal a la puerta se
encontraban las ventanas, a la izquierda los pupitres de los alumnos y
a la derecha la pizarra con el escritor del profesor, que en esta hora
era el Sr. Winson. El Sr. Winson era un hombre un poco peculiar, era
alto, grande en el sentido de ancho pero no gordo, grande.
- Sr. College llega un poco tarde, ¿no cree usted?- dijo el Sr. Winson.
- lo siento, había mucho atasco- dije, intentando usar la excusa
barata que ya todo el mundo conocía.
- siente se de inmediato, le quedan cuarenta y cinco minutos de
examen, aproveche los o nos veremos en la recuperación- dijo
Yo acatando las ordenes me senté sin rechistar, y empecé con lo que
marcaba el fin de mi vida, por lo menos hasta el verano.
Además de peculiar el Sr. Winson tenia muy mal carácter y me había
cogido manía por un mal entendido. Un día en el recreo mis compañeros,
en el recreo le prepararon una sorpresa al Sr. Winson, le pusieron una
chincheta en la silla y cuando se fue a sentar se la clavo. Pregunto
con un grito quien había sido y el listo de Reidrich le dijo que había
sido yo, y le creyó, Reidrich era la mano derecha de Winson, cuando el
hacia un gamberradas, Winson no le decia nada y siempre le daba la
razón. Estuve un día expulsado por algo que yo no había hecho. Desde
entonces no me soporta y es muy estricto con mis notas.
Reidrich y yo hacia un año nos llevabamos de maravilla, siempre íbamos
juntos, pero eso se acabó cuando comenzamos primero de secundaria. El
se junto con un grupo de personas que iban se matones por el colegio
cuando no tenían ni media torta en la cara, pero se creían superiores
que nosotros, tuve bastantes conflictos con el. Pero la vida sigue y
conocí a Lin, mi mejor amigo. Lin es japones, alto, moreno y pálido de
piel, lo de que los japoneses y los chinos son amarillos, es un mito,
son normales, paliduchos como cualquier americano, italiano o del país
que sea.
Ya había acabado el examen de matemáticas cuando comenzó la hora de gimnasia y como no, otra vez, tocaba fútbol yo no odiaba ese deporte, se me daba mal, no era capaz de dar una patada a un balón y que esta con desgano y cobardía llegara a entrar en la portería a golpe limpio. Eso era algo que nunca había sucedido. El deporte que se me daba bien era el atletismo.
El Sr. Leinh ya había preparado el campo y estaba dispuesto a tocar el silbato que emitía un sonido a óxido, que indicaba una larga carrera y años dedicándose al deporte. El silbato sonó y todos mis compañeros y yo empezamos a correr como gacelas intentando escapar de las zarpas de un puma hambriento tras haber pasado una semana de ayuno.
Cuando acabamos el supuesto calentamiento propuesto por el consejo escolar deportivo, que constaba de carrera, flexiones, suspensión en barra y demás, el Sr.Leinh nos reunió en corro para organizar los equipos a jugar. Para mi suerte me tocó con Reidrich y Glassien. Glassien era un tipo alto, ojos azules cuyas aguas del mar, pelo cobrizo amontonado en rizos pequeños como los de un caniche. -esto va a ser para rato- pensé y al segundo comenzó el espectáculo.
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