jueves, 29 de noviembre de 2012
Tatustria
Capítulo 1:
Amanecía un día lluvioso, frío y helante, cuando me levanté perezosamente, dejando atrás sueños que habían combertido mi vida en algo bastante especial. Me levanté con la intención de ducharme y asearme un poco para no parecer un ogro y darle a cualquiera un infarto cardiobascular. La noche anterior me había acostado tarde, debido a un espantoso examen de matemáticas que tenia a la primera hora de la mañana. Cuando me estaba duchando se me pasaron muchas dudas sobre el contenido de dicho examen y algunos problemas difíciles que había sido in capaz de realizar. Mi pulso acelero como un coche esperando la salida para una carrera muy importante. Me entraron ganas de vomitar, pero mi estómago permanecía totalmente vacío desde hacia ya diez horas. Creía que todo iba a salir mal.
Bajé a desayunar y, como de costumbre me tocaban tostadas recién hechas con una deliciosa mermelada sabor a frambuesa, que emitía un olor agradable y dulce, para darnos apetito.Éstas iban acompañadas de un riquísimo zumo natural que había preparado mi madre con tanto amor para mí. para que por lo menos esta día gris y negro, se transformara en un día lleno de color, o esa era la intención de Lona, así se llamaba mi madre. Lona era de estatura media, de ojos azul cristalino como el agua de los ríos que se va filtrando y acaba desembocando en el mar. Su piel era mestiza, un color carne intermedio casi marrón pero sin llegar a serlo. Su pelo era castaño como la arcilla y sus manos eran largas con dedos finos.
Yo me llamo Charly y no supero el metro sesenta y cinco. Tengo catorce años, mi pelo es liso y marrón mas oscuro que el de mi madre. Tengo los ojos verdes como un bosque de pinos u encinas tras una fuerte lluvia de agua dulce. mi piel es de color carne más bien pálido. Años atrás mi padre había muerto de un cáncer que le arrebató la vida sin dejar rastro. Mi padre y yo teníamos una relación muy buena, era como mi mejor amigo, siempre me entendia y luchaba por sus opiniones, eso era lo que más me gustaba de él. Pero con el tiempo me fui recuperando de aquella pérdida. Mi madre y yo nos mudamos a un pueblecito de Canadá que se llamaba Munua, un pueblo de montaña que era frío y en el cual casi siempre llovia, me habia costado adaptarme a aquella situación. Antes de que muriera mi padre, me dijo al oido sus últimas palabras- lucha por tus sueños, haz lo que desees y nunca hagas lo que no estes dispuesto a hacer-. Poco después de decir eso, el pulsómetro dibujó una línea continua acompañada de un sonido que indicaba el fallecimiento. En ese momento es cuando me derrumbé.
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